viernes, 3 de julio de 2026

Orgulloso de ser maricón y del PP.


Fotografía "X"

Esto lo ha dicho Jaime De los Santos, el diputado del partido popular, durante un debate en el Congreso de los Diputados. En ese debate, se planteaba castigar las "Terapias de Reconversión" contra el colectivo LGTBIQ+, puestas en marcha por algunos de los colectivos más reaccionarios de este país. 

Que una persona se reconozca maricón y pueda militar en el partido que quiera, eso no se lo puede discutir nadie. Ambas cosas son libertades individuales y cada una va por su lado. Pero lo extraño es el contexto que rodea esta afirmación.

Puedes estar orgulloso de militar en el PP, pero si eres maricón tienes que votar a favor de penalizar las "Terapias de Reconversión". Como casi siempre, las actitudes del PP en lo que se refiere a la conquista de los derechos colectivos que se plantean desde la izquierda, extrañamente también ahora van en contra. Al "perro Sanchez ni agua". Mis ojos en sus cuencas y mi cabeza no dejan de girar desaforadamente. Creo que necesito un exorcismo.

Supongo, que ni el PP, ni Jaime, consideran al colectivo LGTBIQ+ enfermos que necesitan tratamiento.

Cuando llegó la aprobación del "Matrimonio Igualitario" durante el Gobierno de Zapatero (verano del 2005), el PP votó en contra e incluso llegaron a recurrir al Constitucional. Defendían que aquello no era matrimonio, sino otra cosa. Anunciaban poco menos que el fin de la civilización occidental el final de la “familia tradicional”, advertencias dramáticas y recursos contra una ley que simplemente reconocía a dos personas adultas el derecho a casarse. El mensaje era claro: aquello no debía existir. Pero miles de parejas simplemente querían poder decir: “Nos queremos y queremos que la ley lo reconozca”.

Años después, en el 2015, llegó la boda de Javier Maroto. Una boda perfectamente legal gracias precisamente a aquella ley que muchos de sus compañeros de partido habían rechazado. Y entonces ocurrió una escena digna de archivo histórico: compañeros del PP, algunos de los que habían votado en contra, asistiendo a la celebración, sonriendo y bailando.

El caso de "MpuntoRajoy" bailando en la boda merece capítulo propio. Rajoy, con su estilo inconfundible, parecía no estar bailando sino negociando con la música. Un paso tímido hacia un lado, otro hacia el otro, como si hasta el ritmo necesitara mayoría absoluta. Aquella pista de baile se convirtió en una especie de Parlamento improvisado: todos dentro, todos contentos, y nadie preguntando demasiado por lo que había votado años atrás. La imagen tenía algo de surrealista: una fiesta celebrando un derecho que gran parte de los invitados no había querido aprobar.

Porque una cosa es llegar a una boda y bailar. Otra cosa es haber ayudado a que esa boda pudiera celebrarse. La hemeroteca tiene memoria y recuerda quién encendió las luces de la sala, quién intentó apagar la música y quién apareció cuando ya estaban repartiendo la tarta.

Al final, algunos descubrieron que el matrimonio igualitario no era el fin de la familia. Era simplemente una invitación a más gente a la misma fiesta. Quizá la política sea eso: una enorme pista de baile donde algunos primero protestan por la música, luego entran en la fiesta y finalmente acaban diciendo que siempre les gustó la canción. Con las "terapias de reconversión", pasará lo mismo. Nos contarán que al PP nunca le parecieron bien.

miércoles, 24 de junio de 2026

25 años después, Nevenka vuelve a Ponferrada.

 

Foto: El País

Y Alberto, no estaba allí después de habernos prometido la llegada de la decencia, Alberto no estaba y tampoco ninguno de su partido. Y uno se pregunta: ¿De qué decencia hablaran? ¿De la que llega con discursos solemnes o de la que se demuestra cuándo toca mirar hacia dentro?

Hay palabras que en política tienen una vida curiosa. Una de ellas por ejemplo, es libertad y la otra podría ser decencia.  Aparecen cada cierto tiempo, especialmente cuando algún partido político necesita presentarse como guardián de las buenas costumbres, aunque al abrir el armario de los recuerdos salgan demasiados fantasmas y esté lleno de mierda.

Hemos manoseado la libertad hasta límites insospechados y ahora parece que le toca a la decencia.

Porque vuelve Nevenka a Ponferrada y su historia vuelve a poner delante del espejo una cuestión incómoda para el PP. Todos recordamos qué ocurrió cuando Nevenka denunció desde una posición de enorme desigualdad un tremendo acoso laboral y sexual por parte de su alcalde y compañero de partido. Cuántos años han pasado sin que nadie del PP haya hecho una revisión profunda de aquel episodio. No hay más que ver sus actitudes actuales que no han cambiado casi nada. Hace 25 años miraron para otro lado y la culpable era la acosada y ahora por ejemplo con el alcalde de Móstoles, vuelven a hacer prácticamente lo mismo.

Para el PP ahora parece que es la ocasión de presumir de ejemplaridad, pero la hemeroteca parece querer decir otras cosas. Ahí siguen episodios como la Gurtel, la trama del Caso Kitchen, las investigaciones y condenas relacionadas con financiación irregular en diferentes etapas del partido, el caso de Cristóbal Montoro, o las polémicas alrededor de la pareja de Isabel Díaz Ayuso. La bandera de la ejemplaridad es fácil de ondear cuando se mira al adversario, pero más difícil cuando toca revisar la propia casa.

La política española tiene una curiosa tradición: algunos creen que la regeneración consiste en cambiar el cartel de la puerta, aunque dentro sigan acumulándose los mismos trastos viejos. La decencia no es un eslogan de campaña, ni es una palabra que se tenga que estrenar en cada legislatura. Es una conducta: consiste en reconocer errores, reparar daños y no pedir a la sociedad que olvide lo que todavía no ha sido explicado. La decencia se anuncia con mucha solemnidad, pero nadie debería confundirse: en la política española casi nadie tiene el monopolio en este terreno.

Ya sabemos que en el PSOE tampoco bajan las aguas precisamente cristalinas. También han tenido sus indecencias, sus contradicciones y sus episodios difíciles de explicar. No me puedo olvidar de los GAL, y ahí quedan las recientes sentencias a Abalos y Koldo Garcia, ahí está Leire "la fontanera", y por último la reciente imputación de Zapatero.

Quizá el problema no sea el color de la bandera que se ondea, sino la facilidad con la que algunos la levantan cuando están en la oposición y la esconden cuando les toca responder públicamente. Porque la decencia no pertenece a siglas. No es patrimonio de un partido, ni debería de ser un arma contra el rival.

La decencia es algo más incómodo: es mirarse al espejo cuando nadie te obliga y reconocer tus malas andanzas. Y algunos espejos llevan demasiados años acumulando polvo.

Y un comentario final. La sentencia de un tal Victor Aldama: ¿Decencia o Indecencia? Ahí lo dejo, juzguen ustedes.

lunes, 11 de mayo de 2026

De catetos, mentirosos, evangelizadores, narcoestados y un poco de Hernán Cortés.

Pues sí, amigos: Hernán Cortés ha vuelto a desembarcar  en "Méjico". Pero esta vez no lo ha hecho con un ejército armado con acero castellano. Lo ha hecho con tres asesores de marketing y un par de community managers, algún reportero de TV Autonómica  y un par de creadores digitales especialistas de TikTok. 

En ciertos sectores de la derecha patria se le invoca a Hernán cómo si hubiese sido una mezcla entre santo y emprendedor.  Se habla de “la gesta”, "el mestizaje" "la conversión al dios verdadero", “la civilización” y “la grandeza de España”. Mientras tanto se pasa de puntillas sobre el pequeño detalle de las matanzas, la destrucción de culturas enteras y el saqueo monumental que acompañó a la conquista.

La leyenda épica suele olvidar que detrás del relato glorioso, hubo sangre indígena a toneladas, epidemias, sometimiento y una maquinaria colonial que arrasó pueblos completos en nombre de Dios, la Corona y el oro. Pero el revisionismo patriótico moderno funciona así: convierte las tragedias históricas en camisetas con banderas. Mucho ruido, mucha épica y, detrás, una estrategia política basada en repetir frases sin sentido, hasta que parezcan ideas y verdades.

Cortés llegó con arcabuces y caballos. Ayuso llega con cámaras, tertulianos y titulares. Uno hablaba del Imperio. La otra habla de “libertad”, "narcoestados" y "dictaduras de ultraizquierda".

Y alrededor de ambos siempre aparece el mismo coro de catetos, mentirosos y caraduras dispuesto a aplaudir todas las tonterías que se dicen. Hay algo profundamente español en convertir cada desastre en una campaña de marketing. Y en eso Isabel Díaz Ayuso ha alcanzado una categoría casi imperial: una mezcla de conquistadora castiza, influencer institucional y jefa accidental de un reino donde los problemas desaparecen si se pronuncia suficientemente fuerte la palabra “libertad”.

Porque mientras media España discutía sobre banderas y cañas en tiempos de pandemia , detrás del decorado seguían flotando fantasmas bastante menos festivos. Los 7.291 fallecidos en las residencias madrileñas durante la pandemia siguen ahí. Un número tan brutal que ya ni siquiera parece una cifra: parece un muro muy complicado de saltar. Pero en la corte ayusista la estrategia fue sencilla: cambiar de tema, señalar enemigos y envolverlo todo en patriotismo madrileño de terraza. 

Luego están los líos y las presuntas irregularidades de su pareja (que todavía están pendientes de juzgar).  Los chanchullos de las listas de espera en Ribera Salud, la defensa sin fisuras del alcalde de Móstoles y de Julio Iglesias, la Universidad, el "me gusta la fruta", el desprecio al euskera, etc, etc.

Lo fascinante es que el personaje nunca pierde la sonrisa de quien cree estar protagonizando una epopeya. Ahí sigue Ayuso, cabalgando entre titulares, como si Hernán Cortés hubiese cambiado la armadura por una cazadora de cuero y un plató de televisión. Porque el ayusismo no es exactamente una ideología. Es un lugar donde los catetos llaman élites a los médicos que protestan, los mentirosos hablan de transparencia y los caraduras se disfrazan de patriotas mientras hacen negocios a costa de los trabajadores.Y quizá ese sea el verdadero milagro político de nuestro tiempo: conseguir que una parte del público contemple todo esto —las residencias, las privatizaciones, los escándalos, los contratos, los favores— y aun así piense: “Qué mujer más auténtica.” 

A mi, solo se me ocurre decir: Malinche, Malinche...

martes, 17 de febrero de 2026

Carta abierta a Isabel Diaz Ayuso.

 

Foto: Telva.com

Estimada señora:

Le ruego me disculpe el atrevimiento de dirigirme a usted, así, sin avisar. De repente y sin darle tiempo a prepararse. Es posible que jamás lea usted esto que le quiero decir y no me importa demasiado. Lo dejo escrito por si acaso usted se animase un día a leerlo. Soy mayor y a estas alturas de la vida ya hay cosas que no me importan demasiado. 
Pero ojo: mayor si, pero tonto no. ¿Le suena esto, verdad?

Quería decirle que no es usted una buena persona. Así sin rodeos. Y lo digo porque  le he escuchado a usted decir que  es  la presidenta de la Comunidad más libre del mundo. Qué además, es la casa de todos los españoles. Y si estoy en mi casa: Quiero opinar.
Casualidades del calendario: casi al mismo tiempo que se aprobó la Constitución  del 78 en el Congreso, nació usted. Igual estamos equivocados, igual la democracia llegó gracias a su nacimiento. Usted decidió regalarnos la libertad y posiblemente lo que teníamos entonces, era un borrador de país.
Yo no estoy dispuesto a darle las gracias por traernos la democracia.

Según usted, vivimos bajo una dictadura. Una dictadura extraña, con elecciones, prensa libre, manifestaciones y tertulianos gritándose cada noche, pero dictadura al fin y al cabo, porque lo dice usted desde un atril con logo institucional.
Una dictadura donde se puede llamar "Hijo de Puta" al Presidente del Gobierno, sin que pase nada. Usted, no sabe lo que es una dictadura. A usted le entregan cuatro líneas escritas y luego las repite como un papagayo. Cuando murió el dictador, usted no estaba seguramente en el imaginario de este mundo.

Nada más que comienza usted a hablar, se ve claramente que tiene usted muy poco sentimiento, muy poca empatía y que no es compasiva ni sensible. Sin embargo, le sobra indiferencia y chulería. Pero eso si, depende con quién.
Da usted lástima porque es muy manipuladora. Se aprovecha de cualquier víctima que le venga bien, para intentar obtener réditos políticos. Lo hace muy menudo con las víctimas de ETA, y lo ha hecho recientemente con las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz.

Y le voy a poner algunos ejemplos más, que apoyan lo que digo:

La plataforma llamada "7.291 Verdad y Justicia para las víctimas en residencias" está formada por familiares y personas afectadas que reclaman verdad, justicia y reparación por las muertes de sus familiares y por la gestión de los "protocolos de la vergüenza" durante la pandemia. Usted ha tenido la cara dura de llamarles "Plataforma de frustrados". Describir de esta forma tan despectiva a la asociación de familiares de las 7.291 personas fallecidas en residencias sin atención hospitalaria, debería de acabar con su carrera política. Al fin y al cabo, lo que estas víctimas pretenden es saber por qué murieron sus familiares de aquella forma, solos y abandonados.
Estas víctimas, parece que no le vienen bien.

Con el genocidio de Gaza, no le he escuchado la más mínima palabra a favor de las niñas, niños, mujeres y hombres de Palestina, asesinados por Israel. 
¡Asesinados, si señora!
Usted ha dado a Israel, un apoyo incondicional, sin grietas, cómo lo hace la ultraderecha de todo el mundo. Me extraña, (tiene que haber intereses económicos importantes para su Comunidad), que a una mujer que ha intentado ser madre, no se le haya escapado una lagrimilla por todas las niñas y niños víctimas de este  horror, no lo puedo entender.

¿Que me dice usted de un tal Gonzalez Amador?
Este, debe de ser un señor, al que parece que van a juzgar por un delito de fraude a Hacienda (ya están tardando por cierto) y por otro de corrupción en los negocios. Sus enredos con Quirón, le han hecho millonario y a pesar de que según me dicen, duerme con usted en un piso de lujo, el muy listillo ha intentado defraudar a todos los madrileños. Y usted, que tiene que velar por el cumplimiento de las obligaciones fiscales de todos y dar ejemplo, no ha sido capaz de reprochárselo. Me parece que es usted un poco cínica.

Después de lo que ha ocurrido con el escándalo de Ribera Salud en el Hospital de Torrejon, alargando listas de espera y seleccionando pacientes en función de la rentabilidad que dejan, o reutilizando material médico de "un solo uso" para ahorrar dinero. 
Con los miles de millones que le ha dado a Quirón en estos años (se dice que han sido más de 5.000), y que son millones que se podían haber invertido en la Sanidad Pública:  ¿Sigue usted pensando que la sanidad madrileña, es la mejor del mundo?

¿Que me dice usted del alcalde de Móstoles. Un tal Manuel Bautista.
Seguramente para sus amigos, es una buena persona y posiblemente muchos vecinos pensarán que ella, la denunciante, es la culpable de todo. Aparece la mujer despechada y todo esto se parece a lo que ocurrió también hace muchos años en Ponferrada. Usted ha hecho una defensa que huele a manual viejo: minimizar y relativizar el acoso. Cerrar filas y convertir todo en un  “malentendido”. Lo que ha hecho usted es defender al compañero, como manda el catecismo del partido. El acoso pasa a ser “polémica”, la víctima se vuelve “ruido” y el acusado, pobrecito, "un daño colateral".  Primero se salva al colega, luego, si sobra tiempo, ya hablamos de las mujeres. Ahora eso si: Con las presuntas víctimas de un tal Salazar, le falto a usted tiempo para pedir todas las dimisiones posibles.

Y para finalizar, tengo que completar esta carta con una noticia que me ha dejado descolocado (esto no estaba previsto). Después de reconocer a Israel a pesar del Genocidio contra Palestina y también a Milei y su motosierra, se ha descolgado usted dándole otra medalla a Estados Unidos, país al que llama "faro del mundo libre". Ya lo siento, señora mía, no sé a quien pretende engañar. Sus actitudes huelen a fascismo descarnado y sin complejos. 

Podría seguir, porque usted no da tregua. No voy a hablar de Julio Iglesias, ni del hermano Tomás, tampoco de Madrid Network, del Hospital Zendal, ni de Avalmadrid. La carta sería interminable y me tengo que marchar. 

Me  despido, señora Isabel Díaz Ayuso, deseándole una larga carrera… lejos del Servicio Público. Que la vida le regale muchos micrófonos privados y que los pueda disfrutar. Y me gustaría que algún día descubra que gobernar no es señalar, sino cuidar de los gobernados. Darles una Sanidad y una Educación gratuitas y de mucha calidad. Unas pensiones dignas y reconocerles el derecho a la vivienda.

Por mi parte, mientras tanto, seguiré esperando que España tenga memoria, y que ni usted ni el Partido Popular vuelvan a confundir mayoría con impunidad. Me da miedo pensar lo que podría ocurrir, si ustedes llegaran a gobernar.

Atentamente,