Este es el rincón donde guardo lo que escribo sobre todas esas cosas que me preocupan o que me gustan. Y escribo de todo lo que se me ocurre y fundamentalmente lo hago para mi.
lunes, 27 de julio de 2026
El concebido no nacido. Carta para MAR.
domingo, 26 de julio de 2026
De "La Manada" a la amnistia de Puigdemont.
Fotografía: Fundación Aspacia
Han pasado diez años desde los sucesos de La Manada en Pamplona. Diez años desde unos hechos que marcaron para siempre la vida de casi todos nosotros.
Aquello no fue un abuso, ni un jolgorio festivo y consentido. Fue una violación salvaje. Y la respuesta social que siguió cambió la forma en que muchas personas entendían el consentimiento, la violencia sexual y el papel de la justicia.
Diez años después, queda bastante camino por recorrer (porque tenemos al PP y al alcalde de Móstoles por ahí, a Abascal y sus secuaces y su forma de entender la violencia machista, a Salazar y Abalos del PSOE...), pero también una lección que no debería olvidarse: hay que escuchar a las víctimas, y seguir construyendo una sociedad en la que ninguna mujer tenga que demostrar que se resistió para que se reconozca que fue víctima de una violación o de una agresión.
Diez años dan para demasiados titulares. Para demasiados escándalos. Para demasiadas decepciones. Cambian los nombres, cambian los gobiernos, cambian los protagonistas... pero demasiadas veces permanecen las mismas inercias.
Entre otras mucha cosas: Hemos conocido al ángel de Jorge Fernández Díaz, hemos condecorado con la medalla al mérito policial a Nuestra Señora María Santísima del Amor. Descubrimos a Cristina Cifuentes robando cremas, a María Dolores de Cospedal y Villarejo conspirando entre grabaciones. Albert Rivera e Ines Arrimadas han desaparecido de nuestras vidas, lo mismo que Pablo Casado. Esperanza Aguirre ha pasado a ser activista de primera línea, cortando carreteras. Seguimos sin saber quién era "MpuntoRajoy". Hemos asistido a la exhumación de la tumba del dictador, convertida por unos en reparación democrática y por otros en una afrenta a España.
Hemos visto a Ábalos, Koldo García y Santos Cerdán investigados y algunos condenados por tramas de corrupción. Hemos conocido las investigaciones sobre la pareja de Isabel Díaz Ayuso por presuntos delitos fiscales. Hemos visto hospitales en Madrid tratando de ahorrar hasta en el material sanitario de un solo uso, mientras las listas de espera crecían. Hemos visto al PP regalar cestas de fruta al PSOE y según nos ha dicho un pajarito que venía del despacho de Abogados Cristianos, Santi Abascal esta muy ofendido porque a él: también le gusta mucho, mucho, muuuucho la fruta.
Hemos descubierto "El Ventorro" cómo símbolo de una comida de trabajo, un reservado y una gestión criminal. Hemos asistido al desastre de los cribados del cáncer de mama en Andalucía.
Pero: ¿Que será de nuestra política dentro de 10 años?. Yo me lo imagino así:
Isabel Diaz Ayuso, Feijoo, MAR y Tellado ya no estarán entre nosotros (puede que otros vengan que igual les hacen buenos). El PP seguirá sin gobernar, los pensionistas y los trabajadores, por fin han dejado de votarles. Vox desaparecerá para siempre. El novio de Ayuso, no se habrá suicidado ni se habrá exiliado, seguirá viviendo en su ático de lujo pero sin relaciones con Quirón. Puigdemont seguirá en Waterloo, "no viene porque no quiere". Los jueces encajarán bien las críticas a su trabajo, la ley será igual para todos. La monarquia estará a punto de desaparecer y Euskadi y Cataluña casi serán independientes (Otxandiano y Rufian serán los lehendakaris). Al "Perro Sanchez", me lo imagino presidiendo la ONU. Y porque no: Una mujer de izquierdas será Presidenta del Gobierno. Los partidos a la izquierda del PSOE serán capaces de construir un frente común sin desperdiciar energías en discusiones estériles y batallas de egos. Los derechos conquistados sobrevivirán porque ha habido una ciudadanía dispuesta a defenderlos.
viernes, 3 de julio de 2026
Orgulloso de ser maricón y del PP.
Esto lo ha dicho Jaime De los Santos, el diputado del partido popular, durante un debate en el Congreso de los Diputados. En ese debate, se planteaba castigar las "Terapias de Reconversión" contra el colectivo LGTBIQ+, puestas en marcha por algunos de los colectivos más reaccionarios de este país.
Que una persona se reconozca maricón y pueda militar en el partido que quiera, eso no se lo puede discutir nadie. Ambas cosas son libertades individuales y cada una va por su lado. Pero lo extraño es el contexto que rodea esta afirmación.
Puedes estar orgulloso de militar en el PP, pero si eres maricón tienes que votar a favor de penalizar las "Terapias de Reconversión". Como casi siempre, las actitudes del PP en lo que se refiere a la conquista de los derechos colectivos que se plantean desde la izquierda, extrañamente también ahora van en contra. Al "perro Sanchez ni agua". Mis ojos en sus cuencas y mi cabeza no dejan de girar desaforadamente. Creo que necesito un exorcismo.
Supongo, que ni el PP, ni Jaime, consideran al colectivo LGTBIQ+ enfermos que necesitan tratamiento.
Cuando llegó la aprobación del "Matrimonio Igualitario" durante el Gobierno de Zapatero (verano del 2005), el PP votó en contra e incluso llegaron a recurrir al Constitucional. Defendían que aquello no era matrimonio, sino otra cosa. Anunciaban poco menos que el fin de la civilización occidental el final de la “familia tradicional”, advertencias dramáticas y recursos contra una ley que simplemente reconocía a dos personas adultas el derecho a casarse. El mensaje era claro: aquello no debía existir. Pero miles de parejas simplemente querían poder decir: “Nos queremos y queremos que la ley lo reconozca”.
Años después, en el 2015, llegó la boda de Javier Maroto. Una boda perfectamente legal gracias precisamente a aquella ley que muchos de sus compañeros de partido habían rechazado. Y entonces ocurrió una escena digna de archivo histórico: compañeros del PP, algunos de los que habían votado en contra, asistiendo a la celebración, sonriendo y bailando.
El caso de "MpuntoRajoy" bailando en la boda merece capítulo propio. Rajoy, con su estilo inconfundible, parecía no estar bailando sino negociando con la música. Un paso tímido hacia un lado, otro hacia el otro, como si hasta el ritmo necesitara mayoría absoluta. Aquella pista de baile se convirtió en una especie de Parlamento improvisado: todos dentro, todos contentos, y nadie preguntando demasiado por lo que había votado años atrás. La imagen tenía algo de surrealista: una fiesta celebrando un derecho que gran parte de los invitados no había querido aprobar.
Porque una cosa es llegar a una boda y bailar. Otra cosa es haber ayudado a que esa boda pudiera celebrarse. La hemeroteca tiene memoria y recuerda quién encendió las luces de la sala, quién intentó apagar la música y quién apareció cuando ya estaban repartiendo la tarta.
Al final, algunos descubrieron que el matrimonio igualitario no era el fin de la familia. Era simplemente una invitación a más gente a la misma fiesta. Quizá la política sea eso: una enorme pista de baile donde algunos primero protestan por la música, luego entran en la fiesta y finalmente acaban diciendo que siempre les gustó la canción. Con las "terapias de reconversión", pasará lo mismo. Nos contarán que al PP nunca le parecieron bien.
miércoles, 24 de junio de 2026
25 años después, Nevenka vuelve a Ponferrada.
Y Alberto, no estaba allí después de habernos prometido la llegada de la decencia, Alberto no estaba y tampoco ninguno de su partido. Y uno se pregunta: ¿De qué decencia hablaran? ¿De la que llega con discursos solemnes o de la que se demuestra cuándo toca mirar hacia dentro?
Hay palabras que en política tienen una vida curiosa. Una de ellas por ejemplo, es libertad y la otra podría ser decencia. Aparecen cada cierto tiempo, especialmente cuando algún partido político necesita presentarse como guardián de las buenas costumbres, aunque al abrir el armario de los recuerdos salgan demasiados fantasmas y esté lleno de mierda.
Hemos manoseado la libertad hasta límites insospechados y ahora parece que le toca a la decencia.
Porque vuelve Nevenka a Ponferrada y su historia vuelve a poner delante del espejo una cuestión incómoda para el PP. Todos recordamos qué ocurrió cuando Nevenka denunció desde una posición de enorme desigualdad un tremendo acoso laboral y sexual por parte de su alcalde y compañero de partido. Cuántos años han pasado sin que nadie del PP haya hecho una revisión profunda de aquel episodio. No hay más que ver sus actitudes actuales que no han cambiado casi nada. Hace 25 años miraron para otro lado y la culpable era la acosada y ahora por ejemplo con el alcalde de Móstoles, vuelven a hacer prácticamente lo mismo.
Para el PP ahora parece que es la ocasión de presumir de ejemplaridad, pero la hemeroteca parece querer decir otras cosas. Ahí siguen episodios como la Gurtel, la trama del Caso Kitchen, las investigaciones y condenas relacionadas con financiación irregular en diferentes etapas del partido, el caso de Cristóbal Montoro, o las polémicas alrededor de la pareja de Isabel Díaz Ayuso. La bandera de la ejemplaridad es fácil de ondear cuando se mira al adversario, pero más difícil cuando toca revisar la propia casa.
La política española tiene una curiosa tradición: algunos creen que la regeneración consiste en cambiar el cartel de la puerta, aunque dentro sigan acumulándose los mismos trastos viejos. La decencia no es un eslogan de campaña, ni es una palabra que se tenga que estrenar en cada legislatura. Es una conducta: consiste en reconocer errores, reparar daños y no pedir a la sociedad que olvide lo que todavía no ha sido explicado. La decencia se anuncia con mucha solemnidad, pero nadie debería confundirse: en la política española casi nadie tiene el monopolio en este terreno.
Ya sabemos que en el PSOE tampoco bajan las aguas precisamente cristalinas. También han tenido sus indecencias, sus contradicciones y sus episodios difíciles de explicar. No me puedo olvidar de los GAL, y ahí quedan las recientes sentencias a Abalos y Koldo Garcia, ahí está Leire "la fontanera", y por último la reciente imputación de Zapatero.
Quizá el problema no sea el color de la bandera que se ondea, sino la facilidad con la que algunos la levantan cuando están en la oposición y la esconden cuando les toca responder públicamente. Porque la decencia no pertenece a siglas. No es patrimonio de un partido, ni debería de ser un arma contra el rival.
La decencia es algo más incómodo: es mirarse al espejo cuando nadie te obliga y reconocer tus malas andanzas. Y algunos espejos llevan demasiados años acumulando polvo.
Y un comentario final. La sentencia de un tal Victor Aldama: ¿Decencia o Indecencia? Ahí lo dejo, juzguen ustedes.
lunes, 11 de mayo de 2026
De catetos, mentirosos, evangelizadores, narcoestados y un poco de Hernán Cortés.
Pues sí, amigos: Hernán Cortés ha vuelto a desembarcar en "Méjico". Pero esta vez no lo ha hecho con un ejército armado con acero castellano. Lo ha hecho con tres asesores de marketing y un par de community managers, algún reportero de TV Autonómica y un par de creadores digitales especialistas de TikTok.
En ciertos sectores de la derecha patria se le invoca a Hernán cómo si hubiese sido una mezcla entre santo y emprendedor. Se habla de “la gesta”, "el mestizaje" "la conversión al dios verdadero", “la civilización” y “la grandeza de España”. Mientras tanto se pasa de puntillas sobre el pequeño detalle de las matanzas, la destrucción de culturas enteras y el saqueo monumental que acompañó a la conquista.
La leyenda épica suele olvidar que detrás del relato glorioso, hubo sangre indígena a toneladas, epidemias, sometimiento y una maquinaria colonial que arrasó pueblos completos en nombre de Dios, la Corona y el oro. Pero el revisionismo patriótico moderno funciona así: convierte las tragedias históricas en camisetas con banderas. Mucho ruido, mucha épica y, detrás, una estrategia política basada en repetir frases sin sentido, hasta que parezcan ideas y verdades.
Cortés llegó con arcabuces y caballos. Ayuso llega con cámaras, tertulianos y titulares. Uno hablaba del Imperio. La otra habla de “libertad”, "narcoestados" y "dictaduras de ultraizquierda".
Porque mientras media España discutía sobre banderas y cañas en tiempos de pandemia , detrás del decorado seguían flotando fantasmas bastante menos festivos. Los 7.291 fallecidos en las residencias madrileñas durante la pandemia siguen ahí. Un número tan brutal que ya ni siquiera parece una cifra: parece un muro muy complicado de saltar. Pero en la corte ayusista la estrategia fue sencilla: cambiar de tema, señalar enemigos y envolverlo todo en patriotismo madrileño de terraza.
Luego están los líos y las presuntas irregularidades de su pareja (que todavía están pendientes de juzgar). Los chanchullos de las listas de espera en Ribera Salud, la defensa sin fisuras del alcalde de Móstoles y de Julio Iglesias, la Universidad, el "me gusta la fruta", el desprecio al euskera, etc, etc.
Lo fascinante es que el personaje nunca pierde la sonrisa de quien cree estar protagonizando una epopeya. Ahí sigue Ayuso, cabalgando entre titulares, como si Hernán Cortés hubiese cambiado la armadura por una cazadora de cuero y un plató de televisión. Porque el ayusismo no es exactamente una ideología. Es un lugar donde los catetos llaman élites a los médicos que protestan, los mentirosos hablan de transparencia y los caraduras se disfrazan de patriotas mientras hacen negocios a costa de los trabajadores.Y quizá ese sea el verdadero milagro político de nuestro tiempo: conseguir que una parte del público contemple todo esto —las residencias, las privatizaciones, los escándalos, los contratos, los favores— y aun así piense: “Qué mujer más auténtica.”
martes, 17 de febrero de 2026
Carta abierta a Isabel Diaz Ayuso.




